jueves, 8 de noviembre de 2012

Entre la Espada y el Río


Cierto día Josué, que acampaba cerca de Jericó, levantó la vista y vio a un hombre de pie frente a él, espada en mano. Josué se le acercó y le preguntó:
—¿Es usted de los nuestros, o del enemigo?
—¡De ninguno! —respondió—. Me presento ante ti como comandante del ejército del Señor.
Entonces Josué se postró rostro en tierra y le preguntó:
—¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?
El comandante del ejército del Señor le contestó:
—Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es sagrado.
Y Josué le obedeció.
(Josué 5:13-15)

Este pasaje es clave antes de la conquista de la Tierra Prometida. Dios no estaba a favor de los israelitas ni a favor de los cananeos, Dios les estaba dando una oportunidad de estar a favor de Él (así como se la había estado dando a los cananeos durante 4 generaciones). No se trataba de la ayuda de Dios hacia un pueblo para que ellos consiguieran lo deseado, no estaba aniquilando a un pueblo en asistencia de otro. Se trataba de un pueblo siendo utilizado como instrumento para cumplir Sus propósitos.
Hoy la Argentina está polarizada: O se es del clarín que estridente sonó, o se es de la gran jefa que a la carga ordenó. Nadie debería caer en el pecado de divinizar a uno o a la otra. Personalmente estoy convencido de que no es bueno estar a favor de quien tan evidente y descaradamente se equivoca, pero luego no pide perdón (y eso incluye a los cuatro poderes). Parafraseando a Liniers: “Si se es fanático de algo debería ser de no ser fanático”.
Nuestra actitud no debería ser la de ponernos en uno de esos lados y pedirle ayuda al Comandante del ejército del Señor para que convenza a los malditos del bando contrario de que sus opiniones son una basura o sino que se pudran en el infierno, debería ser la misma que la de Josué y preguntar de qué forma podemos estar nosotros de Su lado: Orando por nuestros gobernantes, estando en paz con todos en lo que dependa de nosotros, trabajando como para Dios y no “al ojo” ni para los hombres, no cansándonos de hacer el bien, estar contentos y agradecidos cuando nos alcanza y compartir cuando nos sobra, suplantando nuestras malas obras por labor útil y obras de bien, siendo honestos, siendo transparentes, siendo irreprensibles, hablando sólo buenas palabras, siendo la ciudad que brilla sobre una colina.
¿Cuánto dedicamos de nuestras energías para estos preceptos?
Que Él transforme nuestras espadas en arados.
Las ideas no se matan, pero tampoco son para casarse con ellas. Con cuánta pasión y devoción ciertos creyentes defienden su ideología, pero a la hora de demostrar a Jesús con sus vidas son más tibios que café olvidado. Con gritos y comentarios en las redes sociales no arreglamos nada si después no somos verdaderamente sal y luz.
Este no es un llamado a dejar de luchar por lo que es justo, tampoco a dejar de expresar opiniones ni a dejar de involucrarse con la realidad, es un llamado a hacer eso mismo pero fuera de un partidismo. Si querés estar de parte del Comandante del ejército del Señor sé Cristiano, no anti-K o kristiniano.
No te polarices, no dejes de amar al que piensa distinto que vos o al que manifiesta de forma diferente sus convicciones, pero sobre todo: jamás te olvides de preguntarle a Dios qué órdenes tiene para nosotros en TODO lo que hagamos, opinemos y decidamos (sí, incluso en política). Pues somos siervos Suyos, y si Él no está en nuestros planes difícilmente estaremos nosotros en los Suyos.