Cierto día Josué, que acampaba cerca de
Jericó, levantó la vista y vio a un hombre de pie frente a él, espada en mano.
Josué se le acercó y le preguntó:
—¿Es usted de los nuestros, o del enemigo?
—¡De ninguno! —respondió—. Me presento ante ti
como comandante del ejército del Señor.
Entonces Josué se postró rostro en tierra y le
preguntó:
—¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este
siervo suyo?
El comandante del ejército del Señor le
contestó:
—Quítate las sandalias de los pies, porque el
lugar que pisas es sagrado.
Y Josué le obedeció.
(Josué
5:13-15)
Este pasaje
es clave antes de la conquista de la Tierra Prometida. Dios no estaba a favor
de los israelitas ni a favor de los cananeos, Dios les estaba dando una
oportunidad de estar a favor de Él (así como se la había estado dando a los
cananeos durante 4 generaciones). No se trataba de la ayuda de Dios hacia un
pueblo para que ellos consiguieran lo deseado, no estaba aniquilando a un
pueblo en asistencia de otro. Se trataba de un pueblo siendo utilizado como
instrumento para cumplir Sus propósitos.
Hoy la
Argentina está polarizada: O se es del clarín que estridente sonó, o se es de
la gran jefa que a la carga ordenó. Nadie debería caer en el pecado de
divinizar a uno o a la otra. Personalmente estoy convencido de que no es bueno
estar a favor de quien tan evidente y descaradamente se equivoca, pero luego no
pide perdón (y eso incluye a los cuatro poderes). Parafraseando a Liniers: “Si
se es fanático de algo debería ser de no ser fanático”.
Nuestra
actitud no debería ser la de ponernos en uno de esos lados y pedirle ayuda al
Comandante del ejército del Señor para que convenza a los malditos del bando
contrario de que sus opiniones son una basura o sino que se pudran en el
infierno, debería ser la misma que la de Josué y preguntar de qué forma podemos
estar nosotros de Su lado: Orando por nuestros gobernantes, estando en paz con
todos en lo que dependa de nosotros, trabajando como para Dios y no “al ojo” ni
para los hombres, no cansándonos de hacer el bien, estar contentos y
agradecidos cuando nos alcanza y compartir cuando nos sobra, suplantando
nuestras malas obras por labor útil y obras de bien, siendo honestos, siendo
transparentes, siendo irreprensibles, hablando sólo buenas palabras, siendo la
ciudad que brilla sobre una colina.
¿Cuánto
dedicamos de nuestras energías para estos preceptos?
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| Que Él transforme nuestras espadas en arados. |
Las ideas
no se matan, pero tampoco son para casarse con ellas. Con cuánta pasión y
devoción ciertos creyentes defienden su ideología, pero a la hora de demostrar
a Jesús con sus vidas son más tibios que café olvidado. Con gritos y
comentarios en las redes sociales no arreglamos nada si después no somos verdaderamente
sal y luz.
Este no es
un llamado a dejar de luchar por lo que es justo, tampoco a dejar de expresar
opiniones ni a dejar de involucrarse con la realidad, es un llamado a hacer eso
mismo pero fuera de un partidismo. Si querés estar de parte del Comandante del ejército
del Señor sé Cristiano, no anti-K o kristiniano.
No te
polarices, no dejes de amar al que piensa distinto que vos o al que manifiesta
de forma diferente sus convicciones, pero sobre todo: jamás te olvides de
preguntarle a Dios qué órdenes tiene para nosotros en TODO lo que hagamos,
opinemos y decidamos (sí, incluso en política). Pues somos siervos Suyos, y si
Él no está en nuestros planes difícilmente estaremos nosotros en los Suyos.
