lunes, 20 de julio de 2009

Trageida Gauchesca

En un terreno lleno de tradiciones

una ráfaga solitaria le susurra a los árboles

la historia de la gente del rancho ese

el de techo de paja, paredes de barro y direct TV

El viejo era un tipo de costumbres

todas las mañanas que salía pa´l monte,

se montaba al pingo y se colgaba la escopeta al hombro

y salía contento a enfrentar la vida.

Todos lloraron a su tata aquel día gris

Que salió confundido a las 5 de la mañana

Y que medio dormio se montó arriba ´e la escopeta

y se subió arriba del hombro al animal.

(que tremenda bestia...el caballo ¿no?)

Era una noche tormentosa

Y el calor del sol rajaba la tierra seca.

El gaucho besó a sus penas y encerró a su china

Y se marchó a ahogar a su perro en un vaso de algo

(che! Lo estás leyendo todo mal, ah! si)

El gaucho besó a su china y encerró al perro

y se marchó a ahogar sus penas en un vaso de algo.

Se subió a su fiel mascota de transporte

una imponente gallina bataraza

doble tracción tenía y estaba recién lustrada

arrancó dejando atrás el polvo, atrás la casa y la billetera

(así que tuvieron que volver y salir de nuevo)

El árido camino jue duro de transitar

los semáforos estaban en rojo, el tráfico no dejaba de aprietar

y el policía al gaucho lo tuvo que multar

la gallina había tirao regalitos que nadie quería juntar.

Llegando a la pulpería nombrada “El molusco”

El gaucho se metió altanero y golpió el mostrador.

y la mirada dura del mulato enorme que atendía

Dijo muy amenazante: Una pepsi, por favor.

Depués de haber mamao salía el gaucho contento

endrogao por la cafeína que le rebalsaba

casi se le paró el corazón cuando vio unas plumas grises en el suelo

descubriendo que su gallina bataraza, ya no estaba.

Naides vió adonde se jue la pobre gallinita,

Naides sabía a dónde había ido a parar el animal.

Naides poddía contarle al gaucho destrozado que había pasao.

Que guacho el Naides que no le dijo nada.

El gaucho siguió su vida e tango amarga como mate de lunes

Y cada vez que comía pollo al horno casi casi que la sentía

Cacareando dentro de su barriga y dándole de cariño alguna picotada

Sin saber que el ruido era el hambre y el pinchazo una astilla de hueso trancada.

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